¿Qué podemos esperar de la delegación chilena a las olimpíadas londinenses?
Si Dios nos echa una manito y pillamos al Diablo desprevenido, pueden haber sorpresas. La natación cifraba sus esperanzas en lo que pudiera hacer Kristel Kobrich. En los 400 metros estilo libre la Kobrich llegó en el lugar 24°. Es decir, estuvo lejos de subirse al podio, pero nos queda el consuelo de que tampoco se ahogó. La decepción ha sido la arquera Denisse van Lamoen. En los entrenamientos no hubo blanco al cual no le apuntara y los pájaros dejaban de volar por miedo a que la Denisse los echara abajo de un solo tiro. A la hora de los quiubos, quedó en el puesto 21 de un total de 64 competidoras.
Todo se reduce a lo que pueda hacer Tomás González.
Mientras esperamos los resultados, los invito a recorrer los gazapos más notables de los Juegos Olímpicos. Vamos viendo:
Los jueces de los eventos de atletismo de las Olimpiadas de 1932 de Los Angeles establecieron una marca mundial. Usaron tan poco su sentido común que cuando el francés Jules Noel batió la marca olímpica de lanzamiento del disco, su lanzamiento fue descalificado. Y no porque cometiera alguna infracción, sino porque todos los jueces que debían observar la competencia del lanzamiento del disco se habían dado vuelta para mirar el salto con garrocha, que parecía más atractivo. (¡SIC!)
Cuando un atleta es descalificado en una Olimpiada, generalmente lo es por el odioso dopping. Pero no siempre ha sido así.
Por ejemplo, los cuatro primeros corredores que llegaron a la meta de la prueba de maratón de las Olimpiadas del año 1900 fueron descalificados por tramposos…y conste que no eran chilenos. Abandonaron la carrera antes de tiempo e hicieron en carruaje el tramo final del trayecto. Eso sí, lo abandonaron justo antes de la meta, para entrar al estadio, corriendo delante de los demás corredores. Sin embargo, fueron descubiertos con facilidad porque el auténtico ganador había encabezado la carrera desde el primer momento.
Durante las Olimpiadas de 1972, el equipo de básquetbol de Estados Unidos obtuvo la medalla de oro en el partido final contra la Unión Soviética, a pesar de quedar segundos en el podio. Cuando sonó la campana que indicaba el final del partido, el equipo de Estados Unidos iba ganando por un punto.
Entonces, un juez invalidó la hora y devolvió la pelota al equipo ruso. Los rusos no encestaron y el tiempo volvió a agotarse. Un segundo juez volvió a invalidar la hora y de nuevo dio la pelota a los rusos. Esta vez encestaron y lograron la medalla de oro. El equipo de Estados Unidos boicoteó la entrega de premios y rehusó la medalla de plata.
El incidente sigue siendo la peor mancha que ha emporcado el espíritu del juego limpio, supuestamente ejemplificado por las Olimpiadas. Todos vieron cómo aquellos jueces se equivocaron no una vez, sino dos, hasta obtener el resultado deseado. Aún así, ninguna de las autoridades olímpicas reaccionó frente a las protestas.
O sea, se corrieron olímpicamente…