Cuando los intendentes pasan y la región espera

por Juan Francisco Miranda | jotamiranda21@gmail.com | 16 de agosto de 2012

Cuando un gobierno se va y uno nuevo llega, principalmente el ambiente se llena de esperanzas, de deseos y anhelos para un tiempo mejor. Hay expectativas, hay desafíos y principalmente hay confianza hacia quienes con entusiasmo emprender la tarea de gobernar. Incluso los adversarios del nuevo gobierno dan una tregua como parte del fair play que reconoce un tiempo mínimo de instalación.

Sin embargo, cuando se hacen cambios sucesivos de intendentes, más que la sensación de un nuevo comienzo y de esperanza, existe la frustración de que para avanzar se debe convencer nuevamente a “los nuevos”. Así se genera la sensación de que no se avanza mucho y que se pierde más tiempo en explicar los problemas que en resolverlos. No hace bien que en gobiernos de tan corta duración haya tantos representantes del Presidente en tan poco tiempo.
El gobierno del Presidente Piñera lleva dos intendentes y una interina en menos de tres años, y en labores propias de un gobierno regional, todavía no hay una estrategia de desarrollo para la presente década. Se habló de un plan Magallanes como un compendio de proyectos en desarrollo en una novedosa presentación y se habló de la excelencia, pero se terminó en la mediocridad de chutear los problemas para adelante como es el caso de la energía, y en la falta de ideas nuevas para Magallanes.

Hoy no estamos en el inicio de un gobierno esperando a la nueva autoridad, sino que a 15 meses de la próxima elección presidencial, y por lo tanto en una etapa más de balances que de proyectos. La vida cotidiana sigue para la mayoría de los chilenos y en particular para los magallánicos, y probablemente todo siga igual aunque el intendente de la semana pasada ya no cuente con la confianza del Presidente y esperemos pronto a un nueva titular. El problema de fondo es la inmovilidad que se genera a la espera de las nuevas instrucciones, o la serie de presiones entre los partidarios del gobierno por imponer sus nombres, mientras los damnificados por el desborde el río de las Minas siguen esperando que la red de colectores sea limpiada para evitar una nueva inundación, o que la serie de promesas empiecen a hacerse realidad.

Las investigaciones respecto a las causas de la destitución del intendente Storaker se conocerán consecuente con el avance de la investigación por el caso de Rayen u otra. Espero que los resultados se conozcan pronto para disipar los rumores, confirmar las certezas y seguir avanzando en las tareas de futuro y no de inmediatez que terminan afectando a una región que necesita concentración y compromiso para traer bienestar a sus habitantes. Lo que no se necesita es un intendente o un gobierno regional más preocupado en ser activistas de campaña como fue en el caso de la Sra. Sandra Amar, cuyo nombramiento distrajo en gran medida a las labores del gobierno regional, del propio ex intendente y del todavía seremi de Gobierno, en una abierta intervención electoral.

Porque ya no hay tiempo para aprendizajes ni para prácticas, se requiere que las nuevas autoridades revisen las promesas de campaña y los nuevos anuncios del Presidente, porque aunque los intendentes pasan, es toda una región la que sigue esperando que simplemente lo que se dijo se cumpla.

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