Al fin los cielos se abrieron y el frío aflojó en esta parte de la Patagonia. En las visitas hacia ambos lados de la frontera chileno-argentina se dan paradojas. Tradicionalmente en las compras bilaterales, la balanza, se inclinaba violentamente en cuanto a conveniencias, en un solo sentido. Este fin de semana, las largas esperas en la frontera eran, en proporción, similar para automovilistas de ambas nacionalidades.
En nuestro modesto intercambio comercial con los argentinos ha habido cambios sustanciales. La mayor parte de ellos, que pechaban por cambiar dinero en las casas de cambios, ya no lo hacen, sus compras la realizan con tarjetas de débito o crédito. En días más benignos en lo climático, aprovechan el día y parten de “shopping” a Punta Arenas. No olvidemos, que la provincia de Santa Cruz en el último Censo registró un crecimiento en habitantes del 38 por ciento. De sólo ver la magnitud de la usina, en construcción en la cuenca carbonífera, deducimos, que hay un esfuerzo gubernamental, por darles un destino a largo plazo a sus habitantes en medio de la Patagonia. Eso, siempre se ha llamado, soberanía por presencia. No hay quejas que haya llegado gente mala, incluso hace ya un mes, su policía provincial está en huelga por demandas económicas.
Los automovilistas chilenos van a sus estaciones de servicios a buscar combustibles baratos. Ellos los bonifican como parte de la política de incentivos para radicar población. Al otro lado de la frontera, hay una población, con buenos ingresos permanentes, no precarios, ni estacionales. A nuestros economistas neoliberales se les caerían los pelos, al saber que una masa cercana a 2.000 operarios, han estado dos años recibiendo buenos salarios, sin producir un kilo de carbón, ni menos un kilowatts de electricidad. Todo a la espera de la gran usina.
Es posible que estemos frente a una nueva lección de cómo poblar la Patagonia de parte de nuestros vecinos justicialistas. La clave está en crear fuentes de trabajo con buenos ingresos; resistirse a la llegada de actividades depredadoras, con trabajos mal remunerados que sólo atraen a población juvenil marginal, de baja capacitación laboral. Para no seguir hablando en nuestro “tranquilo” Natales de evisceraciones abdominales, nombre científico de los acuchillamientos entre jóvenes luego de regadas parrandas pendencieras.