Creencias religiosas

por Luis Godoy28 de marzo de 2012

No seré yo, quien, pobre ciudadano de Chile, niegue el papel de las religiones en las conductas y procederes de los seres humanos.

Desde que tuve uso de razón me atrajo el fenómeno religioso. Educado, en el rito católico, que bebí con la leche materna, me atrajo el fenómeno. Mi padre, militar, era creyente, mi madre, chilota de Piruquina, lo era también. Cuando él falleció, ella contrató un “rezador profesional” de ascendencia chilota que durante un mes exacto concurrió puntualmente a las dieciocho horas a rezar con nosotros durante una hora en la misma pieza en que mi padre exhaló el último suspiro, en julio de 1935, en calle Chiloé 1257. La pieza permaneció enlutada y la parentela más cercana nos acompañaba en aquel rito fervoroso. La gata regalona de mi padre, la “Corsaria”, como él la llamaba, observada huidiza desde la puerta, “Poch”, su perro regalón hacía lo propio, asomando curiosos sus mostachos en la puerta de acceso.

Me he “echado al cuerpo, como decía un amigo, varias historias de las religiones de distinto signo. He concluido que la fe y las creencias en seres supremos y en otras vidas son respetables y dignas de atención.

La vida de Buda es de sumo interés: un hombre de los más ricos de la India antigua abandona familia, amigos, bienes, hogar y fortuna, y como pordiosero mendiga cobijo, un plato de comida; duerme donde le sorprende la noche. Predica un nuevo cuerpo de doctrina recorriendo su vasto país.

Leemos que en Asia está vigente hoy el culto a Zoroastro.

En la Arabia del siglo séptimo de la era cristiana, en el año 622, Mahoma conglomera a los adeptos de los antiguos ritos musulmanes y da forma al islamismo, casado ya con una viuda rica del país.

En el Asia Menor, en cuevas ancestrales han aparecido antiguos manuscritos que todavía se descifran y transmiten conductas y dogmas a los hombres. ¿Por qué el Islam no acepta plasmar en efigies, figuras y representaciones sus creencias? ¿Por qué el muecín llama a la oración varias veces al día, hoy por altoparlantes, desde las mezquitas?

Lo más hermoso es la tolerancia y el respeto, signos de cultura y civilización. Durante mis viajes del exilio, llevado por curiosidad científica asistí a ritos y ceremoniales de distinto signo. En Moscú, donde residimos, asistí a todas las ceremonias del rito ortodoxo de los templos que circundaban mi distrito. Este oficio ocupa casi dos horas en su desarrollo, al final de las cuales el pope barbado y oficiante, después de besar el crucifijo metálico de tamaño mediano, recorre todo el templo dándoselo a besar a cada asistente. Ancianos compran velas a la entrada de la iglesia y las encienden en el mismo sitio. La música, los coros y el recorrido del sacerdote por la inmensa iglesia, con el crucifijo en mano, lo da a besar a cada fiel.

Esto, en la Rusia comunista atea, sin dios, que dicen existe todavía hoy…

No conforme con asistir a estos ceremoniales, dediqué un día completo a visitar la ciudad de Zagorsk, a setenta kilómetros de la capital moscovita, que es la ciudad sagrada de los ortodoxos rusos. Existen templos innumerables, las torres casi se atropellan en su cercanía y vecindad y a cada hora suenan las campanas. Impresionante espectáculo. A cada hora también se oficia una misa. Peregrinos de todo el mundo visitan aquella urbe donde abundan los seminarios formadores de sacerdotes. Jóvenes de trajes oscuros son los seminaristas. Conversé con algunos. Estudian varios idiomas. Son modernos, creyentes y curiosos del acontecer del mundo. Al cabo de los estudios, el que se siente tocado por un llamado de la fe se dedica al culto, el que no, no. Así lo explicaron para satisfacer mi curiosidad. Pero el espectáculo de la concentración de templos y del tañido permanente de las campanas es para no olvidar.

Hablo de una visista del año 1976 o 1977. Imperaba el régimen establecido por el partido bolchevique.

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