Ciencia y Turismo

por Alfredo Soto | alfresoto@gmail.com | 15 de mayo de 2012

Recorrer los bordes del hielo mismo de un glaciar en la Patagonia, es un fácil mecanismo de poder concretar el transportarse en el tiempo de una época remota de nuestro planeta y si se tiene la posibilidad de vivir en él por unos días, más aún, de esta manera se pueden entender a estas fuerzas milenarias que con su paso destructivo van moldeando al Planeta. El caos que los circunda le niega la posibilidad a la vida que se establezca cómodamente tanto así que cuenta con muy pocas especies que circundan estos gélidos y áridos espacios. Curiosamente los bordes de un glaciar son los más peligrosos comparándolos con sus planicies interiores.

En los límites que circundan las cabeceras glaciares es en donde con mayor intensidad se ve la dinámica de un glaciar con formaciones propias de estos mantos helados adornados de las más diversas formas y esculturas de agua congelada y de colores de cielo profundo hasta llegar a concretar visualmente un universo superpuesto que cristales como estrellas unidas férreamente por la gran presión que ejercen y la fuerza potencial de un cometa que se mantiene vivo, sinuoso y peligroso. Al darme cuenta de tal rigurosidad ambiental, dureza, fuerza y potencia acumulada, casi sin entender recuerdo que el inicio de éste en su génesis comienza con la plácida caída de un suave y frágil copo de nieve y que en su constante transformación a través del tiempo se convierte en uno de los componentes más certeros, rigurosos y destructivos en la formación propia de futuros valles, quebradas, riscos y montañas de un futuro paisaje más productivo en sostener su propia biodiversidad.

Un glaciar no sólo atrapa entre sus paredes el agua congelada, sino también una serie de elementos gaseosos que conforman nuestra misma atmósfera. En esta ocasión iremos más allá de una descripción técnica de lo que es un glaciar, sino que también hacerlo notar como parte de nuestra cultura regional a la que poco hemos dado a conocer bajo un punto de vista profundo de su esencia, origen formación, evolución y por sobre todo el impacto que produce en quienes tienen las oportunidades de visitar y más aún desplazarse sobre los mismos. Cabe denotar que estas oportunidades por lo general forman parte del ámbito netamente turístico con actividades de intereses especiales y exclusivas de visitas a los glaciares. Hace prácticamente un par de semanas se llevó a cabo la última fase de un proyecto con Fondos de la Innovación para la competitividad regional, en la que el tema medular fue fusionar un programa turístico con actividades netamente científicas sobre un glaciar. En este caso elegido fue el glaciar Grey, específicamente en su margen occidental el que está escasamente explorado.

El propósito fundamental de esta actividad fue vivenciar en terreno los conocimientos, procedimientos y técnicas apropiadas para desempeñarse con seguridad en un medio natural ocupado por la presencia de un glaciar, desarrollando al mismo tiempo una labor de colaboración con actividades científicas y de investigaciones. Las tareas a cumplir fueron en primera instancia la participación de personas convocadas con anticipación y que efectuaron una carrera entre una veintena de postulantes para tener la posibilidad de participar, requisito fundamental era tener un fuerte vínculo a las actividades turísticas, las misiones en el terreno fue buscar un paso directamente entre el glaciar Grey y el glaciar Pingo que queda más al occidente, posteriormente se desarrollaron labores propias y de aplicación directa de estudio sobre el glaciar mismo, una exploración hacia el monte boscoso superior de la cuenca glaciar buscando la mejor posición para establecer en el futuro un artefacto que permita monitorear la dinámica del glaciar a través del tiempo. Con total éxito se cumplieron todas las etapas dejando una experiencia que podría ser potenciada en el futuro al aplicar una nueva tendencia del turismo y la ciencia en un conjunto productivo muy atractivo.