¡Chaucha padrino!

por Ruth SImeone | rsimeone01@yahoo.es | 6 de noviembre de 2011

La semana pasada, en este medio se publicó una entrevista a un consejero regional que criticaba el proceso de ejecución presupuestaria de la región para el presente año. Señalaba que para poder gastar los recursos asignados, se había decidido la entrega de dineros a distintos servicios públicos que suplementarán sus propios presupuestos y, por tanto, se reforzará lo que cada uno de ellos realiza atendiendo a los programas y acciones de carácter rutinario.

Por otro lado, el ministro de Desarrollo Social, anunció la entrega de un “bono sorpresa” de diez mil pesos para las familias más pobres del país como adelanto de lo que será del ingreso ético familiar. Como era de esperar, una beneficiaria del bono, en televisión por más que se esforzaba para agradecer este aporte, terminó reconociendo que los diez mil pesos no servían de mucho.

Quien haya paseado por la Costanera de nuestra ciudad, redescubriendo la belleza del estrecho de Magallanes o quienes concurren al nuevo Hospital Clínico, no podrían desconocer que ambas obras son un aporte definitivo para la vida de la comunidad. Así como esas grandes obras, hay otras que le han cambiado el rostro a la región: plazas, establecimientos educacionales, entre los que se cuentan varios jardines infantiles en localidades como Cerro Sombrero, Timaukel, Cerro Guido, Puerto Natales, Río Seco, etc.

Cada una de esas obras ha tenido detrás la decisión de alguna autoridad política y una visión de futuro que trasciende el corto plazo de una gestión de gobierno. Cada una de ellas ha significado “compromisos de gestión” que suma recursos para hacer la sinergia necesaria para alcanzar grandes objetivos.

Qué lejos de esa visión ambiciosa y visionaria, están los traspasos de recursos, a servicios públicos que se estarían haciendo las autoridades regionales, lo mismo para el “bono sorpresa” de Lavín. Qué malo recurrir a una estrategia facilista para, en lo formal, cumplir una obligación y aparecer con una “buena gestión presupuestaria”. Qué lejos estamos también de las promesa de excelencia hecha por el actual gobierno.

La imagen del “chaucha padrino” que se exigía en casamientos o bautizos hace ya varias décadas, se asemeja a estas referidas transferencias. La chaucha u otra moneda de bajo valor, que en grandes cantidades eran lanzadas al aire por el padrino, constituía un augurio de bonanza y felicidad para quienes celebraban algún “sacramento” de la iglesia católica. Esta lluvia de moneditas diluía en el aire aún más su ya poco valor; era un artilugio festivo, que en nada enriquecía a los participantes pero eso sí, daban alegría efímera a los festejados e invitados.

Creo que es importante preguntarse o preguntar a nuestra autoridad regional dónde quedó el Plan Magallanes, cuál es su sello; a qué apuesta. ¿Qué se concluyó de ese cabildo electrónico que entregaría los derroteros del salto al progreso regional? ¿Dónde están los millones de turistas que se agregarían al flujo de visitas a la región?

Si hay una fiesta que sí debe terminar, no es la del gas como dijo un ex ministro de energía, sino la de lanzar al aire los recursos que debieran consolidar nuestro desarrollo y no terminar pulverizadas sin dar bienestar real a nadie.

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