Censo 2012: demasiado simple como para ponerle número a la desigualdad

por Juan Francisco Miranda | jotamiranda21@gmail.com | 10 de mayo de 2012

Hace unos días censaron mi hogar, al igual como en miles de hogares a lo largo de Chile. Además de las diferencias entre quienes encuestan y el período de duración entre el censo actual y el de 2002, llama la atención que la encuesta es mucho más simple, con menos preguntas, y por ello observo que se ha perdido la oportunidad de ponerle número a la desigualdad y a tantos aspectos fundamentales para futuras políticas públicas.

Cuando no se explican las razones de los cambios metodológicos y de cuál es el fin último del nuevo Censo (que no es para saber el número de chilenos vivos ya que eso el Registro Civil hoy lo da en tiempo real), con los resultados aparecen una serie de conclusiones que lamentablemente en lugar de darle objetividad a la realidad, se le da espacio a lo subjetivo, ya que generalmente las estadísticas esconden los detalles, y lo que queremos derribar son los promedios como el ingreso per cápita que promueve la complacencia (US$15.000 anual, US$1.250 al mes, cerca de $600.000 mensual por persona), y que es irreal en la inmensa mayoría de los chilenos.

Lo mismo ocurre con la manera actual de medir de-sempleo, pues hoy un “pololito o changuita” se considera empleo, y el exitismo con las cifras impide ver la realidad, que para muchos dista de lo que quieren hacernos ver los ministros Longueira, Matthei o incluso el propio Presidente. Los números gruesos sólo le sirven a quienes no están por cambios más de fondo.
Esto lo entendemos cuando se habla de inflación, y no se reflejan las particularidades de cada territorio. Bien lo sabemos en Magallanes donde es más caro que vivir en el centro del país.

Un Censo que no contribuye a dilucidar las razones de porque hay migración entre regiones o porque no la hay, o las razones de regiones con menor crecimiento poblacional, o sí el nivel de estudios que ha mejorado década a década ha repercutido en la mejora de la calidad de vida, no sirve mucho, ni para mejorar políticas públicas, ni menos para dar respuesta a la demanda de menos centralismo y más participación.

No costaba mucho haber hecho algunas preguntas regionales, como para tener políticas públicas regionales y no simples aplicaciones de políticas nacionales que muchas veces no se pueden implementar porque no se cumplen los criterios centralistas basados en el promedio nacional. Un ejemplo simple: en lugar de haber preguntado si la vivienda es propia o arrendada, o de qué material está construida, podrían haber preguntado si es de autoconstrucción y años de antigüedad. Así, se podría haber puesto en evidencia que hay barrios enteros de autoconstrucción, cuyas viviendas en algunos casos por el paso de las décadas hoy muestran el deterioro ante sus dueños que hoy tienen menos recursos y menos posibilidades físicas de proteger su patrimonio familiar. El Serviu no tiene respuesta (subsidios) en estos casos, pues se considera que 100 m2 de superficie es mucha casa (lo que es cierto cuando el promedio país no supera los 70 m2, pero que no es sinónimo de riqueza en Magallanes).

La discusión entre el centralismo y el regionalismo es antigua, casi colonial, al igual que el supuesto desarrollo económico, que se disfraza de progreso con marketing. Si Chile quiere dar un salto al desarrollo es necesario recontarse, corregirse, evaluarse, pero al mismo tiempo contarse bien, y darse el tiempo para hacerlo bien. Creo que merecíamos un mejor Censo, para medir bien nuestro avance, pero principalmente para ver cómo queremos seguir avanzando y viviendo.

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