Hace medio siglo, por lo menos de acuerdo a lo que veíamos aquí, el cine italiano, cuya gloria era el neorrealismo, se internó con éxito en una vía diferente: la “astracanada”. Es un término que el diccionario de la RAE define como “farsa teatral disparatada y chabacana”. Si no fuera por el saldo de muertos y de miles de personas que pasaron una noche de terror, a lo que pasó en las horas que siguieron al accidente del “Costa Concordia”, podría aplicarse el término. Fue una grotesca astracanada.
El audio de la conversación entre el capitán de puerto (De Falco) y el capitán de la nave (Schettino) es “disparatado” y “chabacano”, aparte de algunos improperios fuera de libreto:
-Schettino (quien está “con los botes”): “Estoy coordinando el rescate...”
-De Falco: “¿Qué está coordinando ahí? ¡Vaya a bordo! Coordine el rescate desde el buque. ¿Se niega usted?”
-Schettino: “No, no me niego”.
-De Falco: “¿Se niega a subir a bordo, capitán? ¿Puede decirme por qué no va?” ... “Vaya a bordo. Se lo ordeno. No busque más pretextos... Ahora yo estoy a cargo. ¡Vaya a bordo! ¿Está claro? ¿Me escucha? Vaya y llámeme cuando esté a bordo...”
No ha faltado la comparación entre el “Costa Concordia” y el “Titanic”, cuyo único viaje duró hasta el 15 de abril de 1912, hace un siglo. En el ejercicio gana el barco recién accidentado, debido a que el número de muertos es incomparablemente menor. Pero plantea, una vez más, los riesgos de la vida en el mar, los mismos de hace cien años. La floreciente industria de los cruceros se ha multiplicado. Recorrer el Mediterráneo (o el Caribe o los mares del sur o del norte) a bordo de un suntuoso hotel flotante, donde casi no se percibe siquiera el oleaje, es una experiencia alucinante.
No es barata pero cada año miles de personas lo intentan, incluyendo centenares de chilenos. No hay límite de edad: familias con niños pequeños, parejas jóvenes y matrimonios de la tercera edad conviven a bordo, en un oasis sin problemas.
Pero puede haber dificultades: Una de ellas son las enfermedades. En marzo de 2010, el crucero “Vision of the Seas” fue puesto en cuarentena en Brasil después de que cientos de pasajeros sufrieran ataques de vómitos y diarrea. Ha habido otros casos.
También hay otras amenazas. Según Kim E. Petersen, del Consejo de Seguridad Marítima, “las navieras que transportan pasajeros han comprendido su vulnerabilidad frente a una multitud de crímenes marítimos: terrorismo, ataques criminales, robos de bienes y servicios, polizones, fraudes, etc.”
“Sin embargo, agrega, al contrario que otras empresas dedicadas al rubro -como las aerolíneas-, la industria del crucero está condicionada por su carácter festivo y de relax”.
Pero ninguno de estos peligros se compara con los posibles efectos del deseo del capitán de darle una sorpresa al jefe de mozos pasando cerca de su casa: “Ven a ver, Antonello, estamos sobre tu Giglio”.
Fue uno de sus últimos momentos felices. Los siguientes diálogos del capitán tuvieron interlocutores distintos y –con el capitán De Falco- un tono nada cordial.