Comenzamos el año 2012 en la Región de Magallanes con las discusiones originadas por el incendio forestal que ha consumido más de 16 mil hectáreas en el Parque Nacional Torres del Paine y surgen diversas críticas a la gestión de uno y otro ente fiscal o semi fiscal, a los recursos destinados a la actividad de protección y resguardo de la naturaleza y finalmente a las normas jurídicas que regulan y establecen las penalidades; de esta forma se discute acerca de la organización, capacitación y recursos destinados a las brigadas forestales, a las responsabilidades de los organismos como Conaf, Gobierno Interior y otros y a la baja pena que establece la Ley de Bosques para el autor de un delito de incendio de esta naturaleza.
Atendida mi calidad de abogado externo de la Corporación Nacional Forestal, no voy a pronunciarme respecto de los aspectos específicos de esta situación que a todos los habitantes de la región nos afecta profundamente, pero la situación me parece un espléndido ejemplo para referirme a esta situación que generalmente se desarrolla a propósito de hechos lamentables.
Efectivamente, después de producido el problema existen las planificaciones adecuadas, los presupuestos suficientes, los planes de contingencia adecuados y las respuestas a todos o casi todos los imprevistos. Lamentablemente estas soluciones y respuestas son posteriores a los hechos…; después del terremoto tenemos las respuestas más eficientes, después del derrumbe de una mina, la claridad respecto a la fiscalización de esta actividad, después de las inundaciones de invierno se concluirá el plan maestro para controlar las aguas lluvias.
Al respecto me parece pertinente indicar lo que sigue y sin perjuicio de las grandes soluciones una vez que el desastre ha acontecido. Antes que todo es necesario enfrentar las situaciones adversas como un solo cuerpo, gobierno, privados, oposición, afectados y victimas… no es bueno sacar dividendos de una desgracia; en segundo lugar es bueno afinar el criterio para sancionar a aquellos de acuerdo a las normas y a sus prescripciones, no de acuerdo a lo que cada uno quiere en su inconsciente individual y mucho menos en el colectivo y, considerar que existen situaciones previsibles y otras que no, incluso aquellas que son previsibles, no son necesariamente evitables, sea por la acción del hombre o de la naturaleza, finalmente, de toda lección hay que aprender y rectificar prontamente.
Quizás si tenemos presente estas realidades podremos avanzar en una eficiente estrategia para combatir las desgracias y los duros golpes que nos dañan a todos como ciudadanos de esta tierra.