“Domingo tenía gorro celeste tejido a palillo, su polera mangas cortas color rojo, aquí adelante con dibujo de un auto. Y después un polerón con mangas largas azul. Y arriba, de chaleco, tenía un polar. Verde cuellos y el cierre, y el puño es azul. Tenía su ropa interior color verde. Su panty, tejido, color gris y el pantalón, buzo, azul con ambos lados cinta roja. Y tenía calcetín tejido a palillo”, declaró. Se trata de una parte del relato recogido para una tesina, por el estudiante de periodismo Gabriel Galaz, respecto del caso de Gabriela Blas, pastora aymara que fue condenada a 12 años de presidio por la muerte de su hijo Domingo Eloy de casi cuatro años de edad, el que se extravió mientras ella cuidaba una tropa de llamos en el altiplano cerca de Arica.
CIPER Chile publicó un documento que nos muestra esta complicada historia que se torna difícil de entender, especialmente por todas las aristas de orden socio cultural que la caracterizan. Gabriela Blas fue recientemente indultada por el Presidente de la República, rebajando a la mitad los años de su condena, de esta forma está a punto de lograr su libertad, luego de permanecer por más de cinco años recluida.
De ninguna manera podría arrogarme competencia alguna para opinar acerca de la culpabilidad o inocencia de Gabriela Blas. Cada cual puede tener su propio “juicio” luego de informarse de esta causa y las circunstancias en las que se produjeron. No obstante lo anterior, quisiera reflexionar respecto de la pesada carga ético - moral que conlleva para las mujeres ejercer la maternidad aún hoy, en un posmoderno siglo XXI. Vuelvo a afirmar que se trata de una historia compleja, sin embargo, afirmaciones como las que siguen me causan rebeldía e indignación; ¿qué otra cosa se podría sentir frente a la siguiente argumentación?: “la fiscal Javiera López, sostuvo en su alegato de apertura que Gabriela Blas no cumplió su obligación de madre “garante de la seguridad de su hijo”. Su modo de actuar iba “incluso contra las leyes de la naturaleza”. Alegó que aquellos son roles transculturales, “que van con el contenido genético y biológico de una madre”.
Así, tal cual, palabras más, palabras menos, en los dos juicios que enfrentó esta pastora aymara, en medio de un sinnúmero de procedimientos poco claros de parte de las policías y del mismo tribunal, como no se pudo probar la tesis del asesinato directo o del abandono intencional, se le atribuyó el ser una madre “desnaturalizada” para avalar su responsabilidad en la desaparición y muerte del pequeño Domingo, su hijo. El hecho de ser la madre “biológica” del niño la condenó. En contrapunto, en otro caso de similares características, la educadora María Eugenia Riffo fue condenada a sólo un año de pena remitida, por cuasidelito de homicidio en el caso de la muerte del menor Borja López, de tres años, al “olvidarlo” en su vehículo por casi cuatro horas, donde se asfixió ya que según peritos, el interior habría alcanzado los 57° de temperatura. La Fiscalía redujo el delito de homicidio por omisión por el cual la educadora había sido procesada, debido a que no se pudo acreditar que hubo intención de dejar al menor al interior del automóvil. Otros atenuantes fueron su irreprochable conducta anterior, la colaboración en el proceso y la declaración de testigos.
Ya ustedes podrán colegir la tremenda disparidad en las condenas. La única diferencia en estos casos, insisto es la maternidad de Gabriela. Ambas mujeres tenían a su cargo niños pequeños, ambas estaban en circunstancias de trabajo, es más una de ellas con la directa obligación del cuidado del niño por ser educadora de párvulos.
Gabriel Galaz, en su trabajo concluye que “Gabriela Blas no sabía que el rastro perdido de Domingo Eloy la llevaría por retenes de Carabineros, tres años de prisión preventiva, la pérdida de otro hijo, dos juicios y dos condenas. Las huellas de su hijo terminaban con ella en la cárcel de Acha, en Arica”, y digo yo, a pesar de la precisión (¿amorosa?), con que luego de casi dos años, fue capaz de recordar cada prenda con la que vistió al niño en el día de su desaparición.