Un capítulo interesante de la historia austral es el de la extracción del oro. Allá por 1942, alumno del cuarto año de humanidades del Liceo de Hombres, acompañé a Tierra del Fuego a Benito Yáñez, antiguo dirigente comunista, tripulante de las naves que hacían la carrera al norte del país. Diez fuimos los primeros liceanos que ingresamos a la organización.
Fuimos recibidos en un acto especial de un sábado por la noche en la Casa América. Yáñez era un hombre fraternal, alejado del alcohol y hogareño. Su esposa Sofía Santana, de larga familia comunista, se prodigaba, en atenciones con los jóvenes visitantes. No tenían hijos.
Llegábamos al hogar de calle Maipú como al propio. Los jóvenes editábamos un diario mural, la segunda guerra mundial estaba en pleno desarrollo y nuestras simpatías se concentraban en la Unión Soviética y su esfuerzo de guerra en la llamada “gran guerra patria” que contuvo el avance victorioso de las tropas de Hitler en territorio soviético.
En una de las visitas del senador Elías Laffertte, presidente del partido y compañero de luchas de Recabarren, le recibimos en un acto especial. Conocía todas las islas y cárceles del país desde joven por su filiación y no por viajes turísticos…
Conversó en tono coloquial, era un pozo de sabiduría y experiencias, autodidacto y dueño de un intenso magnetismo personal. Un detalle le llamó la atención: en la mesa de la presidencia no había flores…
En la capital fueguina la dinámica se debía a las exploraciones auríferas y el puerto era un hervidero de actividad marítima, comercial y ganadera. En el cordón Baquedano laboraban más de cuatrocientos trabajadores. Alojamos en una de sus chozas, saboreamos la comida espartana y el pan amasado por más de dos semanas; recorrimos los campamentos y compartimos “la cama dura de mis hermanos”, para decirlo con Neruda. Los vapores Lovart y Porvenir conectaban la isla grande con el continente. El poder comprador del noble metal radicaba en Punta Arenas, donde atendía la delegación de la oficina de lavaderos de oro el funcionario Juan Osorio Machuca. En las faenas se utilizaba el agua de los ríos y arroyos, se abrían canalizaciones de hasta tres kilómetros. Según el historiador Luka Bonacic Doric, el año mil novecientos uno se retiraron pepas de oro de ciento cuarenta y cinco y de ochenta gramos. La pepa de mayor tamaño fue de quinientos noventa gramos en el lavadero de Francisco Marinovic. Con el dinero recaudado, más las otras contribuciones de la provincia, se adquirió una antigua imprenta a pedal y su tipografía. Tiempo después aparecería el periódico semanal Avance, cuya dirección ejerció el dirigente José Donoso.
La gira enriqueció mi personalidad en formación, aprendí a valorar el papel del trabajo, amplió mi horizonte juvenil, reforzó mi adhesión a la causa “de los humillados y ofendidos”, que decía Dostoievsky.