El pasado 21 de mayo, una vez más al Presidente Piñera lo traicionaron sus palabras. Una vez más envió un mensaje errado para Magallanes. Así como en su momento dijo que el precio del gas no subiría y su gobierno intentó subirlo, hoy nos señala que el camino a Yendegaia para conectar Tierra del Fuego con la isla Navarino lo va a terminar en dos años faltando más de cinco para hacerlo.
Un proyecto de Estado generado en los noventa, iniciado en el gobierno de Eduardo Frei, y actualmente en desarrollo, faltando 65 kms., es imposible terminarlo en menos de dos años cuando el avance promedio es de 7 kms, por año. Ni con dos frentes de trabajo se podría cumplir este nuevo y desinformado compromiso del Presidente. Con la manera de trabajar de Vialidad en el Mop y el Cuerpo Militar del Trabajo es imposible que se avance como la región y Chile lo necesitan. ¡Hace más de tres años que están las vigas del puente Azopardo y aún no está construido el puente! Pero esto no es de ahora, al igual que en el gobierno anterior, la inercia de algunos profesionales del Mop, que ayer pusieron más problemas que facilidades, hoy siguen ejerciendo funciones de planificación que difícilmente le harán caso al Presidente de turno, ni menos a sus decisiones.
Definido Magallanes como una región con aptitud turística, resulta difícil entender que la construcción de 4,7 kms. de pavimento tarde 2 años, como lo fue en el caso de la primera etapa de la doble pista de la Ruta 9. O que los estudios para nuevas sendas no presenten avances como es el del camino que a través de la Reserva Forestal de Magallanes (Andino) permite acceder al seno Otway para posteriormente llegar al estuario Silva Palma, y así entregar a Punta Arenas la posibilidad de ver el mar detrás de los cerros y dar alternativas de turismo a quienes nos visitan. O el camino a bahía El Aguila (tramo intermedio para llegar al fin de continente en el cabo Froward), financiado por el gobierno regional, con estudios arqueológicos terminados, que aún no presenta señales de construcción.
Magallanes y Chile necesitan disminuir sus fronteras interiores con más y mejores caminos. Pero para no tener excusas de financiamiento, propongo que a las empresas que desarrollan la actividad energética y minera, que hoy construyen caminos para explotar los yacimientos de hidrocarburos o de carbón, se les imponga un royalty o impuesto destinado a mejorar y construir caminos que beneficien a toda una región y que permitan acercar a nuevos destinos turísticos. Así estaríamos cambiando un recurso no renovable por una infraestructura permanente que permite generar actividad económica sustentable en el tiempo como lo es el turismo. Esto sería un complemento al Fondema pero focalizado en infraestructura para la conectividad.
Para cumplir con lo anterior, además de una ley especial se requiere una Dirección de Vialidad comprometida más con la región que con su nivel central, centrada y preocupada por ejecutar lo que la región entre todos sus actores definan, resolviendo problemas más que generándolos. ¿Quién paga cuando una obra pública se retrasa? Los chilenos y no Vialidad.
El tramo Porteño - Serrano del nuevo camino al Paine, tardó 4 años en construirse por el CMT, siendo que con privados aunque hubiese costado más, se hubiese terminado antes. Hoy el CMT al no pagar multas por atrasos tiene menos incentivos para terminar a tiempo. Para avanzar más se necesita audacia y un cambio de actitud, y que se entienda que con un año de retraso en una obra es la región la que pierde, ya que el costo de oportunidad lo pagamos entre todos.